25 de junio de 2021

SEIS AÑOS TERRIBLES E IMPRESCINDIBLES

Por Ariel Oliveri

Hace seis años se nos iba el Dr. Chino. Hace seis años se iba mi viejo. Un imprescindible.

Que mi viejo haya sido el Dr. Chino, y que ese mismo tipo haya sido un imprescindible es terrible.

Es terrible el orgullo. Es terrible el placer. Es terrible el honor. Pero también es terrible el dolor. No creo que sea más terrible que otros dolores de pérdidas de padre. Pero seguro es terriblemente diferente.

Como siempre cuento, no pasa nunca mucho tiempo sin que alguien me mande una foto, una anécdota, un agradecimiento. Y eso también es terrible. Me da una alegría terrible, pero también me hace extrañarlo terriblemente.

Extraño sus locuras, sus peleas, sus puteadas desubicadas, su egocentrismo. Pero también su capacidad para organizar la lucha de los que más necesitan, su solidaridad única, su sonrisa achinada, su necesidad de no rendirse jamás, su esperanza en cambiar todo y no un pedacito, su espíritu revolucionario y su amor que jamás pudo poner en palabras. Pero si en los hechos, en las miradas. Y cuando ponías el amor en la mirada retirabas la vista porque te hacías el duro y te creías un pelotudo al llorar. Pero los dos sabíamos que llorabas.

Al poquito tiempo de morir un amigo me mandó un mensaje único. Él también es hijo de un imprescindible. Uno de esos únicos. Y me preguntaba y nos preguntábamos que los movía a nuestros padres para tener en la cabeza como objetivo principal luchar todos los días. No nos imaginábamos, decíamos, una marcha del 24 de marzo sin que ellos vayan. Viejos, chotos, hechos mierda estarían siempre ahí. ¿Que los mueve? Era nuestra pregunta. ¿Por qué?

Y la respuesta que encontramos fue que era un profundo amor al ser humano y a la vida justa de cada uno de ellos. Eso era lo que los movía para dejar de lado siempre lo individual y elegir siempre lo colectivo.

El Dr. Chino no fue solo un bien médico. Y sus pacientes me van a retrucar que si lo fue. Pero no fue lo más importante en su vida. Entiendo que su capacidad para desarrollar una experiencia única de medicina social en lo más crudo del conurbano, en conjunto con sus mismos pacientes, con otros profesionales y trabajadores de la salud, con los vecinos, con los militantes que se acercaran de diferentes espacios políticos, con los pibes y pibas adictas, con las amas de casa, con las mujeres golpeadas y con quien se arrimara. Demostraron que la medicina y la lucha por la salud tiene que ser protagonizada por el conjunto del pueblo. Y que se puede. Ese es el modelo que hará cambiar el sistema de salud para que esté al alcance de todos. Y no los aparatos laser para unos pocos cuando la inmensa mayoría mendiga y un turno de madrugada en los hospitales públicos. El Dr. Chino y la gente de la Salita Barrio Elena de La Matanza demostraron que otra medicina es posible. Y no lo hicieron un ratito.

Lo hicieron, y lo hacen aun sin él, desde hace más de treinta años.

Mi viejo, el Dr. Chino fue un imprescindible. Así de terrible es. Hoy lo necesito como padre para abrazarlo y llorar. Como nunca lo necesito. Si estuviese acá es muy probable que no lo hiciéramos. Nos miraríamos y correríamos la vista. Soy tan pelotudo como él para estas cosas. Pero los dos sabríamos que el otro estaría llorando..

Te extraño horrores Pá.

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.”

Belrtolt Bretct